“Montmatre, Dolores, Buchenwald, abismo/del Kremlin en obscena epifanía/tan Federico Sánchez que sufría/por intentar ser otro siendo el mismo”. Joaquín Sabina. ‘Federico Sánchez se despide de ustedes’. 09/06/11.
Jorge Semprún, escritor, político y lúcido intelectual fue enterrado la semana pasada en Paris con la bandera republicana de España – su país de nacimiento – recubriendo el ataúd que lo condujo al tramo final de su físico “largo viaje” (título de una de sus más importantes obras). Nada más simbólico para el funeral de un sobreviviente del Holocausto que transformó su experiencia en la de un hombre universal.
Semprún combatió en la Resistencia, junto a varios exilados españoles, contra las fuerzas de ocupación Nazi en Francia y tras ser atrapado, fue deportado a Buchenwald. Su experiencia en el campo de concentración lo dejó marcado como un hombre ético, pero no ingenuo, como bien se denota de esta respuesta al periodista Ricardo Cayuela Gally en una entrevista realizada en 2003: “Cuando el pacifista dice ‘Todo antes que la guerra, ya que la vida debe estar por encima de todo’, esto implica la permanencia en el poder de Hitler, si lo trasladamos a los años treinta. No soy pacifista en ese sentido: la paz me parece un valor fundamental, pero, porque es fundamental, a veces es necesario sacrificarlo a algo que permite que siga siendo un valor fundamental. Hay guerras justas que te aseguran una paz justa”.

En su segundo relato testimonial, “Autobiografía de Federico Sánchez”, Semprún evoca su época cuando clandestinamente, bajo ese falso nombre, enfrentó a Franco, y luego, desencantado de una ideología que se quedó congelada en la historia con la adoración a Lenin y a Stalin, abandona al partido comunista español desligándose de dos totalitarismos que lo persiguieron y uno que casi lo hace caer en los tentáculos de sus fanáticos seguidores que no fueron capaces, como él, de ver las similitudes entre los campos Nazis y los del Gulag soviético.
El último cargo político que aceptó fue el de ministro de cultura del gobierno socialista de Felipe González (1988-1991), y lo dejo por discrepancias con los desencuentros y casos de corrupción que relató en su “Despedida de Federico Sánchez”.

Semprún el resistente, el sobreviviente, el luchador clandestino, el comunista, el desencantado de las ideologías, el escritor, pensador, guionista (de Resnais, de Costa-Gavras, etc.), fue sobre todo, él y sus circunstancias: un ser humano con el compromiso de la libertad no condicionada a ninguna ideología, solo al de su conciencia.
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