A continuación, la versión original, más larga y profunda de este artículo publicado por La República el 01-07-11 en http://www.larepublica.pe/01-07-2011/el-fujimorismo-autocratico-si-fascista-no
En su reciente artículo “La derrota del fascismo” (El País, 24-06-11) www.elpais.com/articulo/opinion/derrota/fascismo/elpepiopi/20110619elpepiopi_11/Tes y La República, 20-06-11), Mario Vargas Llosa explica a sus lectores las razones que le hicieron apoyar a Ollanta Humala contra Keiko Fujimori, la hija del autócrata que gobernó por un decenio al Perú. No es mi intención opinar sobre la postura que tomó el Premio Nobel de Literatura con respecto a las opciones de la segunda vuelta electoral peruana, pero sí creo importante – como alguien que se ha dedicado a estudiar el fenómeno de los sistemas totalitarios, y sus ideologías fascistas – señalar mi discrepancia con la definición de MVLL sobre el régimen de Alberto Fujimori.
|
Este desacuerdo no me parece solo parte de un debate teórico ya que la distinción de qué tipo de tiranía enfrenta una sociedad puede ser determinante para derrocarla antes de que los ciudadanos de un país se vean sometidos a un totalitarismo difícil de extirpar. No fue lo mismo sacar del poder a Fujimori o incluso, a un cruel dictador como Pinochet, a quien se le obligó a aceptar un referéndum, que intentar salir de regímenes fascistas como los de Hitler y Mussolini, que cayeron en una cruenta guerra, o la Unión Soviética (URSS), que tuvo una implosión luego de décadas de fracasos que no le permitieron seguir enfrentando a los Estados Unidos en la Guerra Fría.
El origen del término “fascismo” surgió en Italia en los años 20 del siglo pasado y fue adoptado por el dictador Mussolini, quien junto a su principal ideólogo, Giovanni Gentile, quienes le dieron una connotación positiva y lo definieron como una ideología vinculada al totalitarismo. En un texto realizado por ambos, la Dottrina del Fascismo, ellos afirmaron que “para el fascismo todo está dentro del Estado y nada humano o espiritual existe ni tiene valor fuera del Estado, en ese sentido el fascismo es totalitario”. El régimen de Hitler en Alemania consagraría esta realidad con un sistema totalitario que no solo copó a las instituciones políticas y económicas de la nación, sino también, a todas las esferas de la sociedad, convenciendo a las masas a entregarse a la causa de una ideología racial.
El Estado totalitario fascista propone la creación del hombre-masa para controlar lo que piensa, lo que hace, lo que lee, lo que baila, etc., puesto que tiene una visión “higiénica” de la sociedad que no debe ser “contagiada de impurezas externas”. De aquí, el control de la cultura, las artes, las ciencias y el fomento de una disciplina absoluta a un líder mesiánico, son elementales para someterse obedientemente a las órdenes recibidas desde el poder. Es así como en un sistema totalitario no hay distinción entre la esfera pública y privada y por eso, a diferencia de una dictadura, no solo quien se opone al gobierno sufre de represión o persecución, sino cualquier que se atreva a escribir, pintar o hacer algo que el Estado considere “contra-revolucionario” o contrario a los valores del “hombre nuevo” que se plantea crear. Recomiendo leer “1984” de George Orwell, “La Broma” de Milan Kundera, “Tierra, Tierra” de Sándor Márai, o ver películas como «El Jardín de los Finzi-Contini», “La vida de los otros”, “La Caída”, “Europa, Europa”, “Ciudad Perdida” y “El último bailarín de Mao”.

Estoy seguro que MVLL conoce el tema, y sabe que el fascismo es una ideología corporativista, por lo que se opone a las doctrinas del liberalismo político y económico. Cuando Vargas Llosa señala que el régimen de Fujimori-Montesinos fue popular y tuvo apoyo de la clase empresarial por su política de libre mercado, sin darse cuenta se contradice, y cuando indica que también fue muy popular en los sectores rurales y lumpen “ganados mediante políticas asistencialistas de repartos y dádivas”, no precisa que eso también ocurre en gobiernos populistas, como el de Lázaro Cárdenas en México, Perón en Argentina o Getúlio Vargas en Brasil, todos autócratas – por el origen o su estilo de gobierno – pero no necesariamente fascistas, con excepción de Perón que expresó su admiración a esa ideología luego de su experiencia como agregado militar de Argentina en la Italia de Mussolini y que durante su primera presidencia otorgó refugio a decenas de criminales de guerra Nazi buscados por los Tribunales de Nuremberg. Quizá el único dictador peruano con tendencia totalitaria en el Perú fue Juan Velasco Alvarado quien instaura un régimen con una ideología impregnada de nacionalismo y estatismo, y con un discurso indigenista que convocaba a una “revolución permanente” que protegiera a la sociedad de la “contaminación” de influencias foráneas (ideas, pero también música, libros, artes plásticas, etc.).
Vargas Llosa omite mencionar que el gobierno de Alberto Fujimori tuvo origen y desempeño inicial democráticos y que en los dos primeros años hubo avance en importantes temas irresueltos por anteriores gobiernos. Sin embargo, concuerdo en el resto de sus críticas a los ocho años siguientes de un régimen que violó los derechos humanos, acaparó a los medios de comunicación social, se vinculó al narcotráfico, perpetuó masacres contra civiles y manipuló la Constitución y las leyes al servicio de una cúpula corrupta que intentó perpetuarse en el poder. Todo esto tipifica, ciertamente, a un Estado criminal y dictatorial, pero no fascista, puesto que si bien todo lo anterior puede ser parte de este tipo de régimen, el fascismo implica muchas otras características como: sistema de partido único con una ideología adoptada casi como si se tratase de una doctrina religiosa, por lo cual, se difunde no solo por medio de la propaganda sino del adoctrinamiento sistemático, sobre todo de niños y jóvenes; concepción totalitaria y corporativista del Estado; xenofobia y discriminación a minorías étnicas, religiosas y nacionales; expansionismo y militarismo lo cual conlleva a un nacionalismo exacerbado que identifica a la tierra, al pueblo y al Estado con el partido y su líder; culto a la personalidad del caudillo; visión de una sociedad utópica perfecta con “un hombre nuevo” con un pensamiento único, sumiso al régimen totalitario. Quizá MVLL ha caído en la tentación de calificar a la dictadura de Fujimori de neo-fascista porque el ex dictador fue de derecha, y como él mismo lo expresa, el fascismo “es una palabra que ha sido usada con tanta ligereza por la izquierda, más como un conjuro o un insulto contra el adversario que como un concepto político preciso…” ¡Y es cierto!, solo a partir de los años 60 del siglo 20, pensadores como Hannah Arendt con su obra “Los Orígenes del Totalitarismo” y otros como Raymond Aron, desmontaron el hábito de categorizar únicamente a regímenes de derecha como fascistas al identificar cuando demostraron que en la práctica, la URRS, China comunista, Cuba, etc., también tenían este modelo político. La confusión se dio porque importantes artistas e intelectuales europeos de posguerra como Jean-Paul Sartre, Bertol Brecht y muchos otros simpatizaban con el comunismo y aprovecharon que Stalin fue aliado de Gran Bretaña y Estados Unidos para derrocar al Nazismo y al Fascismo, para argumentar que la URSS era diferente a Alemania e Italia cuando en la práctica tenía un sistema similar al que colaboraron a derrumbar.

Hoy en día, no hay politólogo serio que dude que el fascismo es ambidiestro, y puede tener cualquier ideología, por lo cual, coincido con MVLL en que no se debe utilizar el término con ligereza cuando un izquierdista critica a un derechista, pues el primero puede ser fascista. Sin embargo, ¿por qué el Nobel escritor peruano lo utiliza con ligereza cuando se trata de definir al régimen de Fujimori?
Pienso que es pertinente ahondar en un debate que permita distinguir un tipo de tiranía de otra, no solo por razones históricas, sino porque estoy convencido de que el diagnóstico correcto que distingue al abuso de poder de la autocracia y de ésta al fascismo, puede hacer la diferencia entre estar a tiempo o no, de detener a gobiernos con tentación totalitaria como los que hoy, con vestimentas “revolucionarias”, aun proclaman slogans que incluye a la “muerte” como un valor fundamental.
Umberto Eco- El Fascismo Eterno
http://www.otrolunes.com/hemeroteca-ol/numero-06/html/recycle/recycle-n06-a02-p01-2009.html
Fragmento de entrevista a Hannah Arendt en la cual habla de la «uniformación» del individuo y los intelectuales en la Alemania Nazi:
http://www.youtube.com/watch?v=WrwjBrw-AOQ&feature=related
Invito a mis lectores a participar con reflexiones o aportes en la polémica sobre que es el fascismo y el correcto uso o no de término para regimenes actuales.





