El día que Didier Drogba, el marfileño más famoso del mundo, jugaba un partido de la Champions League, de su equipo el Chelsea contra Manchester United, en su país natal, se negociaba entre el fuego de las armas y las lágrimas de miles de afectados por una guerra civil, la posible salida de un presidente ilegitimo del poder.
Costa de Marfil, es una ex colonia francesa como la mayoría de los países del noroeste africano, fue un país estable y prospero bajo la larga dictadura de Houphouet-Boigny quien negoció con Paris su permanencia en el poder por 33 años a cambio de los beneficios que su régimen le aseguro con materias primas como el cacao y el café. La muerte del dictador abrió la Caja de Pandora de una sociedad, que como todo el continente africano, está dividida en muchos grupos étnicos (existen más de 60 idiomas), una importante minoría musulmana (más del 20%) con respecto a la mayoría cristiana (un 34%), y de otras religiones autóctonas; y una variopinta población mezcla de nativos e inmigrantes que llegaron de países vecinos como Liberia, Sierra Leona y Burkina Faso escapando de guerras civiles y pobreza extrema.
La llegada de estos inmigrantes – la mayoría musulmana – ocasionó una mayor fragmentación de la sociedad marfileña, puesto que políticos populistas del sur comenzaron a denunciar que el incremento de extranjeros en el norte atentaba contra la “la identidad nacional”, en un continente en donde tal concepto, es más imaginario que en el resto del planeta (toda identidad, puede tener elementos reales, pero se basa en la percepción, por lo cual, tiene un componente imaginario, sobre todo, al hablar de naciones).
Es así, como en 2002, los norteños apoyaron un golpe militar contra el entonces presidente Laurent Gbagbo, un populista descendiente de marfileños, que condujo a una guerra civil que convirtió éste en a figura poderosa durante toda la década hasta que se negociaron elecciones multi-pardistas, con observación internacional, para fines de 2010. En segunda vuelta Gbagbo desconoció la victoria de Alassane Ouattara, hijo de una inmigrante de Burkina Faso y musulmán y desde entonces Costa de Marfil ha tenido dos gobiernos en paralelo: el de facto, de Gbagbo, y el de Outtarara, reconocido por el mundo.
Tras más de un año de violencia y masacres, Francia y la ONU se han involucrado para derrocar al autócrata ilegitimo y todo parece indicar que es cuestión de días su derrocamiento.
Durante semanas, está de moda debatir si es posible la democracia en el mundo árabe – parte del cual se encuentra en el norte de África – pero la pregunta es igualmente genuina para el resto del continente más saqueado, explotado y olvidado de la tierra, por sus grandes divisiones tribales, religiosas y de clases, y por la terrible herencia que hasta hoy, legó el colonialismo europeo.
Recomiendo leer los links:
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/04/110405_costa_marfil_contexto_conflicto_pea.shtml
http://elpolvorin.over-blog.es/article-chocolate-determinaria-la-guerra-o-la-paz-en-costa-de-marfil-66281381.html (Sobre el rol del cacao en el conflicto de Costa de Marfil)
http://sur.elargentino.com/notas/drogba-y-diez-mas (artículo que vincula la biografía de Didier Drogba con la historia y conflicto de su país).
Un fragmento:
“…Costa de Marfil es Drogba y diez más, pero si algunos de esos diez funcionan bien, puede ser un equipo temible. Entre los candidatos a destacarse por los Elefantes en el Mundial aparecen claramente al lado del goleador Salomon Kalou (delantero, su compañero en Chelsea), Yaya Touré (volante del poderoso Barcelona, de España) y Emmanuel Eboué (defensor del Arsenal de Inglaterra). Suele decirse que para ganar mundiales hay que tener historia futbolística. Pero también está claro que hay equipos que sin haber obtenidos la copa del mundo pueden ser huesos duros de roer, mientras van construyendo su historia.
En el caso de Costa de Marfil no sólo su trayectoria futbolística es chica, sino también su historia como nación independiente. De hecho, tres meses antes del Mundial anterior, el presidente del gobierno marfileño Laurent Gbagbo amenazó con no permitir que el plantel viajara a Alemania, en medio de una fuerte contienda política interna, que no ha cesado del todo. “Si el pueblo no está unido, no vale la pena que el equipo vaya al evento”, dijo. Después cambió de idea. Pero el clima de guerra civil prosigue. Alguna vez, de allí su nombre y el apodo de su seleccionado, Costa de Marfil fue tierra de elefantes. A centenares de miles los mataron, para hacerse de sus colmillos. Otras decenas de miles fueron a parar a zoológicos para deleitar con su insondable tristeza a chicos y grandes de Occidente. Otros tuvieron aún menos suerte: terminaron en algún circo. Hoy hay 20 veces menos cantidad de elefantes en África que hace un siglo. Pero los sobrevivientes no dejan de parecernos orgullosos. Paquidermos orgullosos.”



Deja un comentario