Luego de que Khadafy se repuso militarmente y estaba cerca de retomar el centro de la resistencia Libia contra su régimen, Benghazi, “como Franco lo hizo con Madrid”, a las potencias del mundo no les quedó otra opción que, llevar a la acción lo que durante tres semanas pregonaron, quizá, esperando que como en Egipto y Túnez tuviese un desenlace sin su intervención: la caída de otra tiranía árabe. La ONU esperó demasiado para votar y ejecutar una resolución que detenga al inescrupuloso dictador que no tuvo reparos, y lo dijo con orgullo, en masacrar a milicianos y civiles que se interpusieran en su camino para perpetuarse en el poder.
Si bien más vale tarde que nunca, una vez más la ONU demostró que es un “mal necesario” en un planeta en donde se habla mucho de derechos humanos pero se actúa por intereses, y aunque muchos aplauden el ataque al sanguinario régimen de Khadafy (unos pocos seguirán con la cantaleta de una “conspiración imperialista), no hay que olvidar que el caso libio es emblemático, también, de la hipocresía de este mismo organismo. Como bien lo expresó la periodista catalana Pilar Rahola en un artículo del 03/03/211, con Khadafi: “esta especie de santa Teresa de Calcuta con jaima (carpa) no sólo no fue expulsado del Consejo de Derechos Humanos, sino que llegó a ser el tipo que presidió las resoluciones sobre derechos humanos de la ONU. Y ¿alguien se sorprendió? ¿Hubo movimientos sísmicos en las conciencias del mundo? ¿Se dieron por sucias las resoluciones que él presidió? Por otro lado, ¿dónde está el problema si los miembros permanentes de este Consejo son paraísos de los derechos humanos como China, Arabia Saudí, Bahréin, Argelia, Azerbaiyán o Cuba? ¿Por qué expulsar a Gadafi si sólo es un aprendiz de tirano comparado con algunos de estos maestros?…”
Y es que el nivel de decadencia de la ONU fue ostensible en 1994 en el caso de Rwanda cuando sacó a los cascos azules, justamente, durante el genocidio, también quedó evidenciado con el escándalo de “petróleo por alimentos” de Irak, tras la guerra para expulsar a Irak de Kuwait en 1991. Luego de que una gran coalición mundial derrotara al ejercito de Saddam Hussein, se le permitió al macabro dictador exportar petróleo, solo, a cambio de suministros básicos para su población, hasta que se desmilitarizara, pero en 2005 se descubrió que más de 270 personas – – funcionarios de la ONU, incluyendo a familiares del entonces presidente Kofi Annan, políticos y ejecutivos de empresas – se favorecieron con sobornos y permitieron la venta de armas y otras mercancías que directamente llegaban a manos del régimen iraquí.
La razón de fondo para que gobiernos como el de la Francia de Chirac, Rusia y muchos otros, se negaran a la invasión estadounidense de Irak en 2003, no fue el del noble “pacifismo” sino el beneficio que la violación de la resolución de “petróleo por alimentos”, gracias a que altos funcionarios de la ONU se hicieron la vista gorda con unos cuantos países y sus corporaciones. La administración Bush mintió descaradamente cuando justificó la invasión a Irak como parte de la “guerra contra el terrorismo”, pero la ONU también lo hizo cuando se formó un boque contra esa decisión.
Si algo es evidente ante los acontecimientos que estremecen a muchos países árabes, es el tema de la hipocresía como un asunto mundial y universal, aunque algunos quieran solo quieren poner la lupa en los Estados Unidos, cuando en el caso de Túnez y Libia, son los europeos los que más negocios y beneficios han hecho con sus respectivos dictadores, engendrandos desde que colonizaron el norte de África a sus actuales tiranías.
En el caso de Túnez y Libia son los europeos los que más negocios y beneficios han hecho con sus respectivos dictadores, engendrando desde que colonizaron el norte de África a sus actuales tiranías, y es el viejo continente el que lo recibió con alfombra roja durante los últimos años, perdiendo el complejo de su usual discreta hipocresía diplomática. Por algo será tan cierta la frase del dramaturgo español Manuel Tamayo Y Baus: “La hipocresía y la culpa son hermanas gemelas”.
Recomiendo además, la lectura de esta entrevista al analista internacional Fareed Zakaria sobre el mundo árabe, el Islam y la democracia en:
http://www.letraslibres.com/index.php?art=12191
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