En momentos cuando se celebra el deseo de reformas democráticas en las calles árabes, el caso de El Líbano se mueve en dirección contraria ahora que hay un gobierno claramente dominado por el grupo radical – con su propia guerrilla – Hezbolah.
Jeque Nassaralah de Hezbolah, junto a presidentes de Siria, Al-Bashar y de Irán, Ahmadineyad
Fundado como el único país del Medio Oriente con una población de más árabes cristianos que musulmanes, El Líbano experimentó un cambio demográfico que en los años 70 volteó esa ecuación. Entonces, la ahora minoritaria elite cristiana maronita (seguidores de el patriarca San Juan Marón), no abrió espacios de poder a sus rivales originando el surgimiento de guerrillas musulmanas de ambas ramas del Islam – la que representa a la mayoritaria del país, la sunita, y la minoritaria pero poderosa, chiíta – y así se inició una larga guerra civil en 1975.
La situación de El Líbano se agravó con la intervención de ejércitos foráneos en su territorio. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Arafat – expulsada de Jordania en 1972 – consiguió refugio en el sur del país y sectores de Beirut; luego Siria fue invitada en 1976 a enviar tropas para detener la guerra civil pero el régimen de Damasco tomó partido por los musulmanes contra los cristianos. La OLP también se involucró en el conflicto interno y a la vez, atacaban el norte de Israel lo cual culminó en una invasión de ese país en 1982 que obligo a la guerrilla de Arafat a evacuar El Líbano e instalarse en Túnez. Desde entonces, Siria y el régimen fundamentalista instalado en Irán desde 1979, se encargaron de financiar, entrenar y armar a chiítas libaneses radicales fundando al movimiento Hezbolah (Partido de Dios) que hasta hoy actúa en coordinación con estos dos países.
Por la larga guerra civil que padeció, El Líbano no tiene un ejército fuerte y monolítico, por lo que Hezbolah, en su lucha para expulsar a Israel del sur del país – lo cual logró en 2000 – se convirtió en la más poderosa de las milicias. En este contexto llegó al poder por segunda Rafik Hariri, quien decidió actuar con pragmatismo para conducir a su país hacia una soberanía total, por lo cual, además de aplicar políticas económicas liberales y acercarse a occidente, exigió la retirada de Siria de su país. Rafik Hariri logró que en 2004 la ONU despojara a Siria de la base legal para ocupar al país y tras su asesinato en 2005, para ocupar al país y tras su asesinato en 2005, las tropas sirias tuvieron que regresar a casa bajo gran presión internacional. Desde entonces el régimen de Bashir el Assad intenta gobernar a control remoto a El Líbano a través de Hezbolah.
Hace unos días Hezbolah se retiró del gobierno de unidad nacional liderado por Saad Hariri, hijo del primer ministro Rafik Hariri, por negarse a acepta el informe y veredicto de un Tribunal Internacional (TI) establecido en Holanda por la ONU, con detalles y una lista de responsables del atentado a su padre. Según varias fuentes, es inminente que el informe incluirá a miembros de entorno más cercano del dictador de Siria Hafez el Assad y de Hezbolah, en la autoría intelectual y material del asesinato.
En El Líbano manda Hezbolah, puesto que si los moderados de cualquier facción deciden desmantelar a su guerrilla –exigencia no cumplida a pesar de una resolución de la ONU a cambio de la retirada israelí y luego ratificada tras el envió de tropas de UNIFIL luego del conflicto de 2006 entre Israel y Hezbolla – entonces esa guerrilla tomará el poder como ya casi lo hizo en una 2008 cuando el gobierno intentó hacer unos cambios de personal en el aeropuerto de Beirut, y tuvo que retractarse para impedir un golpe de estado. Y como manda Hezbolah Saad Hariri dejo el poder (prácticamente derrocado) para ser sustituido por el candidato de la organización islamista, Najib Mikati, complicando la situación interna de un país cuya heterogénea población ha sido utilizada como ficha del juego geopolítico de países vecinos y otros más lejanos.

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