Entre el 20 -12- 2001 y el 2-01-2002, durante “el corralito” (la crisis ocurrida tras decretos de congelar el dinero en efectivo de cuentas corrientes y de ahorros), los argentinos fueron testigos de la salida de Fernando de la Rúa del palacio presidencial en un helicóptero, y del brevísimo mandato de tres presidentes de transición, hasta que el peronista Eduardo Duhalde logró estabilizar la situación política y económica. Entonces, nadie imaginó que Argentina volvería a reconciliarse con un miembro de la clase política tradicional, hasta que Néstor Kirchner, el gobernador de una provincia de La Patagonia, fue electo en 2003.
Kirchner, hombre polémico y autocrático, no solo mejoró la situación económica de Argentina (al comienzo con buena parte del equipo de Duhalde y su ministro de economía Roberto Lavagna), sino también, aplicó una serie de medidas sociales que lograron consolidarlo como un referente del peronismo, dividido en muchas corrientes. Si el crecimiento económico argentino de los últimos años, y su estabilidad política, están basados en cimientos sólidos, o son producto de medidas populistas que, tarde o temprano, conducirán a una crisis similar o peor a la de 2001, es motivo de fieros debates y el tiempo lo dirá, pero no hay dudas de que Néstor Kirchner logró crear una nueva dinastía junto a su viuda Cristina, que de alguna manera parece ser un fenómeno peculiar del peronismo y de Argentina.
Si bien han existido dinastías políticas en varios países del mundo: los Kennedy, los Gandhi en la India, y los Buttho en Pakistán, e incluso los Bush, – y quizá la más parecida al caso de los Kirchner, los Clinton en Estados Unidos, – generalmente uno de los miembros de la pareja o de la familia adopta un bajo perfil mientras el otro está en el poder, pero no ha sido así en el caso de Juan Domingo Perón, cuando Evita se convirtió, prácticamente, en una cogobernante, hasta el punto que luego de su muerte, en 1952, el congreso la nombró “Jefa Espiritual de la Nación”, e incluso la mucho menos popular Isabel, heredó la presidencia luego de la muerte de su marido, en 1974, en su condición de vicepresidenta del país.
La muerte de Evita precipitó la crisis que condujo, tres años más tarde, al golpe de estado contra Perón, y su propio fallecimiento en 1974, no le permitió a su viuda – hasta ese momento vicepresidenta – manejar la crisis que culminó también en la conformación de una de las peores dictaduras latinoamericanas. ¿Puede Cristina, ahora, perpetuarse en la presidencia sin el hombre que detrás de las bambalinas manejaba los hilos del poder?
Esa es la pregunta que todos se hacen, y que las diferentes corrientes del Peronismo contemplan en la lucha por el poder del partido y de Argentina.
Para profundizar sobre el tema, recomiendo leer los siguientes links:
«Kirchner Furioso» (Enero, 2006), por Marcos Aguinis en
http://www.letraslibres.com/index.php?art=10950
y video: Debate entre Marcos Aguinis y Jorge Coscia, Secretario de Cultura del gobierno de Cristina Kirchner
en Agosto de 2009
Dos articulos del fallecido escritor Tomas Eloy Martínez :
Los Kirchner y el Pasado que Vuelvo (Diciembre, 2008) http://www.oem.com.mx/elmexicano/notas/n976866.htm
y El Cesarismo Democrático (Junio, 2008)
http://www.ar.terra.com/terramagazine/interna/0,,EI13931-OI3850666,00.html
La Vida a Cara o Ceca por Beatriz Sarlio (28-09-10)
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1319325
Asimismo presento una entrevista sobre el tema que se llevo a cabo en la Radio «Actualidad 1027» de Miami
KIRCHNER
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