Aqui, una reflexion sobre el.fundamentalismo de Mahmoud Ahmadinejad en Irán. Asimismo hay dos interesantes articulos enviados por Felipe Valdivieso en la página de «Colaboradores» sobre dos temas de gran trascendia. Invito a otras personas a enviar artículos, textos, videos con colaboraciones sobre tópicos de actualidad, historia, filosofía, humor, en fin, de reflexión y debate alturado.
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Erase una vez un poderoso monarca que heredó el reino de Lidia, situado en buena parte de lo que es hoy el oeste de Turquía. Preocupado por el avance de los persas hacia su territorio, el Rey Creso envió a un mensajero al Oráculo de Delfos (un centro de adivinación junto al monte Parnaso de Grecia), y allí recibió la predicción de que si lideraba a su ejército hacia el Este y cruzaba el río Halys, causaría la destrucción de un imperio.
Entusiasmado con el vaticinio, Creso organizó una alianza militar con otros reinos y en 547 A.C fue derrotado por el ejército de Ciro II de Persia. ¡Qué ocurrió! ¿Se equivocó el oráculo? De ninguna manera, dice la leyenda, puesto que el error lo cometió Creso cuando interpretó que el imperio que caería era de los persas, y no el suyo mismo. Fue así como Persia continuó siendo un gran imperio durante varios siglos, en los cuales sus habitantes estuvieron expuestos a religiones paganas y luego a la religión fundada por Zaratrusta – de cuyo nombre surgió el Zoroastrismo (llamado también Mazdeísmo).
En la tradición persa antigua los emperadores consultaban a miembros privilegiados de una tribu llamada magie (en latín, “magos”), reconocidos como portadores de la sabiduría del Zoroastrismo, y también como clarividentes (De aquí la inspiración de la historia bíblica de los tres reyes magos llegados de Oriente). Persia fue conquistado por diversos imperios, hasta que en el siglo 16 fue dominado por la dinastía musulmana safaví, y desde entonces, la mayoría de sus habitantes observan la fe islámica en su versión chiíta, la cual, entre otras cosas, promulga la creencia en la venida de una figura cuasi-mesiánica, el Mahdí o Imán Oculto (el duodécimo sucesor de la dinastía de Mahoma).
Hoy Irán, país que heredó la gran tradición persa y la del Islam, es gobernado por un régimen fundamentalista liderado por clérigos (ayatolas), que junto al actual presidente, Mahmoud Ahmadinejad, creen acelerar la llegada del Mahdí para fundar un imperio mundial islámico. Si bien el Islam prohíbe la adivinación y la magia negra, como lo hacen la mayoría de las religiones que surgieron en el contexto de creencias paganas que incluían a la hechicería y a las artes ocultas, hay una gran diferencia entre prohibir casinos, prácticas espiritistas y juegos de azar que condenar a prisión o ejecutar a personas por sus creencias religiosas y políticas en el nombre de que una oligarquía posee la verdad absoluta. Es por eso que Irán, hoy, es el país con el mayor número de prisioneros colgados y ejecutados (algunos por lapidación), en el planeta.
Así las cosas, es curioso que Mahmoud Ahmadinejad haya arremetido contra pulpo Paul, una de las atracciones del Mundial de Sudafrica, definiéndolo como “un símbolo de la decadencia y la podredumbre” de “los enemigos occidentales” y que lo acusara de extender “la propaganda y superstición occidental”. Vale la pena preguntar: ¿promueve más el avance de la humanidad una política hostil para destruir a enemigos y rivales (internacionales, disidentes y minorías de su propio país), que confiar en las estadísticas y divertirse con un supuesto pulpo adivino? (nada malo según la cultura persa) ¿Acaso creer en la vida eterna de un líder religioso es más racional que confiar en la casualidad del movimiento de un molusco hacia una roca con la bandera de un país? ¿Por qué son los dirigentes iraníes tan intolerantes con las creencias y supersticiones de otras culturas y religiones?
Obviamente, estas son preguntas retóricas pues la respuesta es obvia: el fanatismo no tolera el pensamiento crítico, pero tampoco la fe de los demás.

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