Hace cuatro años, durante el Mundial de Alemania, escribí un artículo con referencias históricas sobre el futbol y la política, el cual actualizo con motivo del actual campeonato Sudafrica 2010.
“Ganar un partido internacional es más importante para la gente que capturar una ciudad”, declaró una vez Goebbles, el brillante y siniestro propagandista del régimen de Hitler y por eso la Alemania Nazi se esforzó en organizar un excelso espectáculo en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 para demostrar la supuesta grandeza de sus deportistas y organizadores “arios”. Sin embargo, Hitler no pudo celebrar con el deporte más popular del mundo – el fútbol – lo que el fascista Mussolini logró convertir en una victoria política: los triunfos de la selección de su país en dos Mundiales consecutivos, el primero en misma Italia (1934) y luego en Francia (1938).

Así como el Duce capitalizó los triunfos de Italia en el fútbol – se especula que corrompió e intimidó a los árbitros en la Copa disputada en su país – Franco, que no pudo vanagloriarse de la victoria de la selección española en ningún torneo internacional, tomó el control de algunos equipos de la liga de su país durante la guerra civil y convirtió al Real Madrid en emblema, hasta el punto que, luego de convertirse en dictador de España obligó al equipo de Barcelona a utilizar su nombre en castellano, en lugar de catalán, les obligó a cambiar el uniforme que solía identificarse con la causa republicana y los incluyó en el torneo al cual le cambió el nombre por el de “La Copa Generalísimo”. La actual rivalidad deportiva entre el Madrid y el Barca tiene una raíz política. En 1974 en un triunfo del Barça al Madrid los catalanes se volcaron a las calles retando a la agonizante dictadura franquista con las banderas de su región y cantando su himno prohibido.
Dictaduras militares latinoamericanas también usaron al fútbol a su servicio como sucedió en Brasil 1970, Argentina 1978 – soterrando las protestas de las Madres de Mayo con los gritos de goles – y el “Mundialito” de Uruguay 1980-81.
En el actual mundial de Sudafrica están representados algunos países que viven en dictaduras, desde la aislada y totalitaria Corea del Norte, sometida desde 1948 al yugo de Kim Il Sung, y luego de su hijo Kim Jon-Il; Paul Biya, quien domina el gobierno de Camerún desde 1982 y las autocracias con fraude electoral de Abdelaziz Buteflika, en Argelia y de Laurent Gbagbo en Costa de Marfil quienes se perpetuán en el poder desde 1999 y 2000, respectivamente. El resto de los países tiene gobiernos democráticos con alternancia en el poder.
Si bien el futbol, aunque no necesariamente la FIFA, es democrático en cuanto a la igualdad de condiciones que se le dan a todos los países para participar en sus campeonatos, muchos gobiernos utilizan este deporte masivo que incita a tantas pasiones, con fines demagógicos, propagandísticos y en algunos casos, nacionalistas y chauvinistas.
Un excelente ejemplo de cómo Mussolini se entrometió en el Mundial que organizó Italia en 1934 se puede leer en el apasionante artículo Zamora, el portero que desquició a Mussolini, en:
Ariel, soy yo el tío de Norita, que Ernesto corteja(eufemismo). Solo para felicitarte por el artículo de Italia y el Mundial del 38. En 5 años más ya estaba yo jugando en el Infantil del Deportivo Venezuela(en realidad nunca jugué un partido con ellos), pero si en Segunda División con el Santa María, San Bernardino y Kadima, pero en el 49 me fuí de Caracas a estudiar Medicina en LUZ y practicamente no regresé a Caracas y terminé aqui en los EEUU en el 66.
Leía tu artículo y quería decirte que sabía que lo llamabn el Divino Zamora, y te tardastes mucho en darle su título.
Te estaré leyendo concetudinariamente.
Tengo entendido que vives en Lima. Allí nací en el Barrio de Miraflores, pero salí todavía inconciente y ya para el 37 vivíamos en Caracas cuando despierto al mundo a los 6 años.
Conocí a tus padres vagamente, ya de médico en alguna Semana Santa cuando no había tráfico.
Creo que para ser la primera comunicación ya he pasado el lindero.
Un cálido abrazo esperando algún día de ser familia política
Abraham Zighelboim